domingo, 22 de enero de 2017

La nevada del diecisiete

Ya hace dos años que cayó la gran nevada pero en aquella ocasión no llegó
a cubrir las expectativas de nuestra cota. Este año, el diecisiete, sí será recordado
como el cincuenta y cuatro o el ochenta y tres, en los que los níveos copos, 
arribaron a nuestro puerto.



Aquella mañana, los coches estaban llenos de nieve. Tuvimos
que tirar de la estrategia de la tarjeta de crédito para quitarla.
Y nuestra empresa, por un día, se llamaría "Nieves de Ubrique".
Y aunque pudiese parecer una temeridad, esa mañana...



andar con agua no era desagradable
-sale de las entrañas de nuestra
querida sierra a unos catorce grados
-como los buenos caldos.



Ubrique despertaba a una nueva rutina y 
en los rostros se iba dibujando la expresión de una blanca ilusión.
Aquella mañana fue de excursiones infantiles a la Era del Ubrique el Alto...
-¡A ver la nieve!
Esa nieve más propia de estampas navideñas...



se hizo presente cuando aún estaban sembrados los pascualos, a mediados de enero.
Esas plantas que tan ordinario maltrato por hurto, han sufrido en nuestras calles.



Fue curioso palpar la nieve sobre secos cardos veraniegos.



O verla depositada suavemente sobre los imperiales, de orden corintio, acantos.
Los mismos que pueblan el Rodezno y los alrededores del Nacimiento.



O en las pobres y confundidas chumberas que no sabían si lo blanco que tenían encima,
eran restos de la plaga de la cochinilla del carmín -por lo de "pasa la tuna".
El caso es que aquel enero del diecisiete, nos dejó estampas de película...



como la titulada "Cuento de Invierno" de Akiva Goldsman, del catorce...



o la admirada, "Palmeras en la Nieve",
de Fernando González Molina con Mario Casas, del quince.
Aquella jornada nos trasportó a películas tan famosas como...



"El Resplandor" de Stanley Kubrick, del ochenta
-de la que ya hiciéramos referencia en "Ocho de refranes", en este humilde blog.
La suerte hizo que nuestro propio quehacer diario...



nos llevara a la cumbre de los Olivares aquella mañana.
¡Todo un espectáculo para los sentidos...!
¡Sobre todo el sentido del frío...!



Y desde allí pudimos comprobar que ¡todo, todo! estaba nevado.



Desde las más altas cotas de nuestro término municipal 
-"término" que pudimos comprobar en la primera y gloriosa subida al pico del Gamón...



hasta la última estribación del sistema Penibético, el Berrueco,



¡Toda, toda! la sierra de Ubrique -paraíso natural- mostraba el gélido manto.



-¡Una estampa bellamente inusual!



No sólo había nieve en la sierra de Grazalema, al fondo, como puede ser habitual.
¡Todo, todo! de blanco nos confundía la vista con "el verde blanco". 
Y girando la vista panorámica...



nos dimos cuenta que sobre el Salto de la Mora "también les nevaba a los romanos";
que nuestro pueblo hermano de Benaocaz, estaba inmerso en su propia blancura...



y que los olivos parecían arces escandinavos.
Tal "fermosura" hacía tiritar hasta las musas de Ocurrris, las cuales acudieron para
 ayudarnos a perpetuar las sensaciones que estábamos viviendo con intensidad.



"¡Oh, aterida blancura!
¡Oh. ilusión pasajera!
¡Oh, helada cobertura!
¡Bienvenida seas...!
¡Mas no te quedes mucho
que esto no es Burgos!
¡Qué aquí en Ubrique no estamos acostumbrados!
¡Qué llevamos unos días de frío, bien aderezados!"
Y como era de esperar...



el manto blanco se fue disipando.



Ya quedaba relegada a las cumbres tornando sus tonos al blanco y negro.



Y tras la novedad de la nevada, apareció temblorosa...



la fría y melancólica niebla. Pero no importaba.
¡Habíamos vivido una vez más, con ilusión manifiesta, 
la experiencia atrayente de la nieve!



La verdad es que habíamos disfrutado como si fuesen "cosas de niños"...



con la gran nevada del diecisiete, en nuestro querido pueblo.
-¡Qué conste en los anales,,,!
Y por esta jornada, este humilde blog, cambió su nombre por el de...
¡Ubrique en blanco...!




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lunes, 19 de diciembre de 2016

Nacimiento del Garciago bajo

En esta cancela que separa lo rural de lo rústico 
-la que está por encima de la viña del Perro-
comienza nuestra aventura de hoy.



Habíamos escuchado rumores de que el Garciago había
"reventado" con las últimas lluvias.
Sólo se trataba de comprobarlo y qué mejor ruta que la vereda
que cruza, atravesándolo por debajo, todo el salto del Pollo.



La primera y no grata noticia...
El longevo y portentoso algarrobo junto al camino, en lo de Moreno,
había sucumbido.
-¿Temporales...? ¿Un rayo...?
No sabemos la causa. Lo cierto y lo fijo es que...




hasta "Niebla" que siempre viene a recibirnos, parecía triste.



La palabra callejón es muy usada en nuestra toponimia.
Emparedando los caminos públicos, se evitaba trocar la ruta y 
la "invasión" no deseada de la fincas colindantes.



Más adelante, otra desgracia.
En este caso se trataba de un espléndido acebuche
también truncado por causas desconocidas. 
¡Eso nos dio que pensar...!



Ya estábamos entrando en el salto del Pollo.
la subida hacia la puerta de Sierra Baja.
¡Pero hoy no tocaba "repechar"!



Nuestro destino pasaba por el medio de la impresionante casquera de
 rocas calizas fragmentadas y los colores otoñales de las cornicabras... 



hasta llegar hasta la siguiente angarilla-somier...
¡"Somierilla"!
Llegados a este punto, el murmullo del rumor del agua 
ascendía hasta nuestros oídos.
-¡Pues era verdad! ¡El Garciago había reventado!



Alguien en el pasado decidió sembrar en el camino 
-a lo mejor con la intención de cortar el paso-
estas ágaves americanas -como las de la curva las Pitas
así que cuidadito con las púas al pasar.



Habíamos dejado atrás el tajo "Colorao" -fin del salto del Pollo-
y habíamos entrado en otra dimensión.
Un desarrollado bosque Mediterráneo nos abría sus entrañas
 para dejarnos pasar.



Comenzamos a ver las primeras y arcaicas "canalizaciones".
Hay que tener en cuenta que toda esta zona estuvo poblada desde
 tiempos inmemoriales y con estas obras de rudimentaria ingeniería, 
se evitaba que al agua se desmadrase y causase daños mayores.



Por fin llegamos al agua cantarina.
-¡Qué delicia verla gorgotear jubilosa!



La vimos venir arroyo abajo en atrayente estampa
y un deseo acudió a nuestra mente...



el de llegar hasta el nacimiento bajo los tajos rojos de la ciudadela de Garciago.



Por supuesto hicimos un inciso en la fuente del Papa.



Una surgencia natural y clara, de líquido elemento.
Una de esas maravillas que tiene nuestro patrimonio etnológico.



Pero mientras subíamos por la colada que va desde los 
hasta la archiconocida cañada de los Gamonales,
caímos en la cuenta de que la dulce melodía del agua, había desaparecido.



Nuestras sospechas se confirmaban.
El agua estaba abajo, en el arroyo.
Pero el nacimiento estaba bien seco.
-"¿Qué misterio era ése?"
Había que volver sobre nuestros pasos para intentar averiguarlo.
A la memoria nos vino aquella vez que este humilde blog,
pudo cubrir el reportaje de "los Calzones del Garciago".



Aquella entrada en la que la pena inundó nuestros corazones
con el encuentro de la cabrita montesa enferma...



y de la que en esta ocasión sólo pudimos ver sus restos, en el mismo lugar.



Sumidos en aquellos pensamientos por aquestos sublimes lares...



y contemplando el magistral vuelo de los reyes de la cadena trófica,
una visita inesperada nos trajo de nuevo a la realidad.



-¡Hola...! ¿Qué "ase"...?
-¡Estás hecho un mulo...!



Y a nuestro amigo no le importó mostrar su perfil 
para ser protagonista en un futuro del calendario que Ubrique en  verde
confecciona anualmente para ayudar a las protectoras de animales.
-"¡Gracias, colega?"



Llegamos de nuevo a la magia del agua.
Comenzamos a subir por el cauce, abriendo camino
entre impenetrables malezas, 
en busca del misterioso lugar del surgimiento.
Y algo más arriba, entre lantiscos y zarzaparrillas...



debajo de una gran roca, ante nuestros atónitos ojos, se presentaba
por primera vez en nuestra retina, el nacimiento del Garciago bajo.



-¡Una auténtica y verdadera sorpresa...!
-¡Un misterio resuelto...!



Y allá que iba ella tan contenta, corriendo cuesta abajo y
saltando mil piedras, a juntarse con las del río Ubrique.



Nos podíamos sentir satisfechos del "descubrimiento"
cuando hacíamos el camino de regreso.
A nuestra izquierda, en lontananza, el cerro Mulera...



y a nuestra derecha, bajo sus pies, el tajo "Colorao"
-que no tiene nada que ver con el Gran Cañón 
aunque con los tonos del atardecer, lo pareciese.



Y con un "hasta luego" a uno de los genuinos e imaginarios, "dragones de piedra",
que tan atractivo se encontraba rodeado de los colores de la moda de otoño...



llegamos a la "civilización" con la luna ya presente en el firmamento.



Una luna medio sonriente que podía... ¡Hum!
Una media luna sonriente que podía muy bien haber sido 
mudo testigo, de nuestras albricias. 





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