viernes, 31 de enero de 2014

El edificio más alto de Ubrique

El edificio más alto de Ubrique, en el que está el Juzgado, está en la calle Juzgado.
Es tan alto, para un pueblo de la sierra de Cádiz que no sólo acaricia las nubes
como la imagen de cuando comenzamos aquí el reto de la cenefa de cerámica...



sino que su pretensión real es alcanzar la luna.



Es tan alto que sobresale de los demás con creces y,
 desde esta óptica en el cerro de los Olivares, podemos ver perfectamente...



la entrada del Mercado de Abastos que ubica en la planta baja.
-"¡Gracias, Antonio! ¡Buen pescado! ¡Muy recomendable!"



Nuestro edificio es tan alto que se moja antes que los demás.
Tiene tanta altura que subir hasta su cenit, requiere un gran esfuerzo.



¡Menos mal que cuenta con ascensor!
¡Cómo si no!
¡Así que vamos a subir!



¡Subir!



¡Subir!



Subir...



hasta que las panorámicas sobre nuestro querido pueblo se vuelven impresionantes.


Teniendo singular protagonismo sobre todas las cosas... decimos...¡las casas!
 el San Antonio, tan singular y con todos sus secretos al descubierto.
Y alzando algo la vista -¡pero no mucho...!



obtenemos la vista del Calvario de Ubrique, bajo el promontorio
del cual siempre nos preguntaremos... ¿y la Cruz de la Viñuela?
Desde la cuarta planta podemos ver...


algún que otro "soberao de palo" de los antiguos, muy en contraste con...



los porches más actuales de nuevo diseño.



Incluso podemos disfrutar de un extraordinario panorama, haciendo
un correcto uso de los servicios que nos ofrece el edificio más alto de Ubrique.
Unos servicios que permiten concluir límpiamente nuestros asuntos internos...



con las aguas provenientes del longevo depósito de la Cornicabra.



Desde las alturas podemos distinguir la esbelta palmera del Convento...



y junto al Rano, delante de la oculta Vega Redonda
el pincho Cancho del Búho, en el camino de Ronda.



Si la respuesta está en la historia, no podía faltar la silueta de nuestra historia
más antigua. No hace mucho que dimos una vuelta a Ocurris.



El edificio cuenta con profundos pasillos. Éste de la cuarta planta ya ha sido tildado,
con la gracia que caracteriza a nuestro querido pueblo para los sobrenombres,
como "el Corredor de la Muerte". Y es lógico,
por esta galería se accede a Hacienda, al Servicio de Recaudación y al Agua.



Más allá, el vacío con vistas a una terraza que aunque no lo parezca, es verde y blanca...



con el exótico ciprés, junto al encajonado río Ubrique.
Y hablando de árboles exóticos, desde esta alta cota...



podemos ver por las chimeneas, la copa de la araucaria
del jardín de la Escuela Redonda.



¡Y es que estamos bien altos!



¡Si los bloques tienen tres, nosotros tenemos cuatro!
 Así que ver por encima de ellos y fijar la vista en...



uno de los peñones de Ubrique -el de Elías por debajo del "Hiperzó"- es fácil.



¡Es que estamos tan altos como la torre de telecomunicaciones!
Esa torre sobre la que se posó una cigüeña el día que pensamos en cómo hacerlas venir



Desde aquí el horizonte de Ubrique se hace más amplio pero tanta altura
puede darnos vértigo. Lo mejor es ir bajando al nivel de la calle.



Si para ello elegimos algo de ejercicio aeróbico,
 casi al final de los ochenta y seis escalones de la escalinata...



nos topamos con el escudo del mundo al revés y la lámpara de papel de plata de diseño.
Pero si por el contrario no queremos bajar tan pronto porque ya se nos pasó el sofoco
 de las alturas, aún todavía podemos subir algo más. Sobre la cuarta...



se soporta la quinta. Es como entrar en la playa de los Muertos del Cabo de Gata,
todo lleno de piedras. Un amplio espacio abierto espectacular...



sobre el que se ubican las estancias de la quinta planta. 
Desde este remate...



nos damos cuenta de que estamos viendo de frente el campanario de la O, al que
 no hace mucho se le desmontó una de las vetustas campanas para su reparación.
Desde este no va más, podemos apreciar igualmente que hemos 
desbancado la altura del que fuera hasta éste, el edificio más alto.
 Ahí tenemos, en su cima y sujeto con dos hierros, el pajarraco en Ubrique
 que al final, resultó ser el escudo de nuestra hermana Ronda.



Después de revisar el perfecto funcionamiento de las seguras máquinas elevadoras,
¡ahora toca bajar!



¡Y bajar!



¡Bajar!



¡Bajar!



¡Bajar!



¡Bajar hasta el sólido suelo!



Desde él, podemos cerciorarnos de la altura de aquél que tiene pasión por tocar nubes.



Ese edificio que suscita división de opiniones y que quiere
 competir con las peñas de la sierra en porte y altura.



Nuestra torre de oficinas...
-"¡Quisiera ser tan alta como la luna!



¡Para que nada ni nadie le pueda quitar de la vista, los bellos crepúsculos
 de los que disfruta, después de la jornada laboral!"  



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domingo, 26 de enero de 2014

Cerámicas. El reto de la cenefa.

En la planta baja del edificio más alto de Ubrique -tanto que parece que acaricia las nubes...



se encuentra el flamante Mercado de Abastos, de reciente construcción.
El gerente de la empresa municipal que se encargó del proyecto, pensó que 
sería bastante adecuado recordar en éste, a los mercados anteriores
-al menos, los más emblemáticos.



Así que encargó a la premiada artista de la cerámica, María Guillén,
la elaboración de dos murales cerámicos que rememoraran, por un lado...



nuestra genuina, ancestral y primigenia plaza de la Verdura. Ese lugar emblemático de
nuestro querido pueblo que antaño cumplía a la perfección las funciones mercantiles
cuando ni siquiera existía un edificio destinado al mercadeo de verduras y
 demás productos de nuestras famosas y desaparecidas huertas.



Y por otro, el Mercado frente a la Iglesia, junto a la ermita de San Pedro.
 Un lugar tradicional, ahora derribado, donde el pregonero de trompetilla,
anunciaba a viva voz a los paisanos, las novedades pescaderas traídas
de la lejana costa. Imágenes nostálgicas, enmarcadas en un singular dibujo
de tradicional diseño. Y aquí es donde comienza el reto de la cenefa.
Una cenefa es un elemento decorativo luengo y angosto que 
se coloca como marco de otros elementos de la decoración.
La elegida por el amigo José Antonio Salguero para los dos cuadros
del nuevo mercado eran fiel reflejo de una cenefa tradicional de Ubrique.
-"¡No nos digas de dónde es el original!
¡Ubrique en verde afronta el reto de encontrarla!"



Cuando hablamos de las cerámicas decorativas clásicas de nuestro querido pueblo,
 no nos queda más remedio que pensar en una de las más genuinas...



la casa de los mosaicos de la plaza...



Pero por mucho que la miramos, no dimos con el motivo que inspiró
las cenefas de los mosaicos del nuevo Mercado de Abastos.
Tendremos que agudizar el sentido de la observación porque
en Ubrique tenemos un tesoro -y no son los tesoros de la calle Saúcos-
que podemos descubrir si miramos en el más amplio sentido de la palabra. 



La Trinidad -cuya moderna placa queda descartada- también posee
otra reliquia ornamental de cerámica muy querida en Ubrique...



y tan mimada, que manos anónimas se encargan de que brille con esplendor.



Pero no es la que buscamos, la cenefa que enmarca al Beato Diego José... ¿De Cádiz?
-si nació allí de casualidad, como nuestros hijos de Ubrique nacen ahora en Villamartín.
Tendremos que indagar por otro lado...



ya que tampoco está en la plaza de la Trinidad la cenefa perdida.



-"¿Y en la Casa Grande? ¿No había una cerámica en las escaleras?... 
 ¡Y siendo municipal...!"
Mañana vendremos. La búsqueda  debe continuar.
-"¡Bien escondida está, José Antonio!"



Tampoco era el diseño de la que decora a la Alcaldesa Perpetua que preside
las longevas escalinatas del Ayuntamiento, ahora cerradas al paso.
Subimos por la calle el Perdón para investigar en la del Asilo viejo.



pero aunque parecida, no es la misma.
Proseguimos nuestra ruta, pensando en otras maravillas de cerámica, hasta...



la calle San Sebastián, donde en su rótulo legendario no encontramos el motivo que buscamos.
-"¡Vamos para los Callejones a ver si tenemos suerte pues ya quedan pocos sitios!
¿No estará la cenefa perdida en el ABC del Santamaría?"



Al pasar por la oficina del turismo en Ubrique, junto al puente de los Callejones...



vemos la linda cenefa de la sevillana Mensaque, pero tampoco era.
 Ni siquiera...



las de los rótulos vetustos de la calle San José...



o de la calle Santa Rosalía.
-"¡Ya está! ¡Va a ser en la escuela de los Grupos de los Callejones!"



Pero en el Víctor de la Serna que este año pasado cumplió su cincuenta aniversario...



de nuevo nos invade la frustración porque
 no estaba ni en la Golondrina ni en el Golondrón. 
Ya sólo nos queda ver la casa más famosa de Ubrique por sus mosaicos.



En los callejones podemos encontrar este tesoro de la ornamentación.
Aquí debe acabar definitivamente la búsqueda de la cenefa perdida.
-"¡Aquí seguro que debe de estar!"
Podíamos haber empezado por este mágico rincón pero la verdad
es que no imaginábamos que iba a ser tan obvio.



El ABC del Santamaría...



la cenefa no contenía.
 A su lado...



la ornacina de cerámica del patrón de Ubrique que por las flechas clavadas,
 bien se distingue que es San Sebastián, profusamente decorada, también tampoco...



nos exhibe el marco decorativo que andamos buscando.
-"¡Es frustrante! ¡Salguero...! ¿De dónde se fijó María para las cenefas?"
-"¡Miraremos en los asientos del precioso jardín!"



Pero en los canapés, nada de nada. Ni enmarcando a Goya...



ni alrededor de las quijotadas. 
Desanimados dimos media vuelta pensando donde estaría y,
 al elevar la mirada pensativa, cual fue nuestra sorpresa cuando 
en la fábrica de artículos de piel frente al Santamaría...



pudimos ver un genial trabajo de otra fábrica sevillana, Ramos Rejano
con  flores celestes y unas hojas verdes entre otros motivos que
encuadraban la leyenda que, por familiar, pasa desapercibida...



la genuina fábrica de Godoy en los Callejones.



Allí, precisamente allí, era donde se fijó José Antonio...



para que María Guillén se inspirara a la hora de hacer las cenefas de las cerámicas
del nuevo Mercado. Esos recuerdos de nuestro pasado entrañable que son...



parte de este tipismo turístico tan necesario en nuestro querido pueblo,
 y el Mercado viejo.
¡Bravo, María Guillén!
¡Muy buena idea, José Antonio!
¡Finalmente por darle más emoción, hemos superado felizmente, el reto de la cenefa!
Y para terminar con un poco de humor, una pregunta suelta...
-"¿En qué se parece la imagen de la antigua Plaza de Abastos, a la del Mercado actual?"



-"¡En que las dos tienen sentados a un hombre mayor, en la puerta!"
-"¡Je, je!"



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