domingo, 8 de noviembre de 2015

La cueva de la Vieja

Hay veces que, metidos en el Hoyo, nos sentimos como encerrados.



Entonces miramos a la sierra y surge la ilusión, la imaginación y la emoción.
¡Pero solo contaríamos con dos horas!



-"¡A las once en la nueva Plaza de la Verdura!"
Y allí estuvimos.



Y mientras subíamos, los ojos -como siempre-
se percataban de los detalles pintorescos del Casco Antiguo.



Nuestro destino era la cueva de la Vieja...
-¡Las cabrillas altas iban y la luna rebajada!



Nos cedían el paso atemorizadas...
-¡Por algo el humano es el ser superior! 
Pero ese poder no nos da el derecho sobre los animales.



Y llegamos justo por encima de la antigua calera
-extinto motor económico de la sierra de Ubrique.



Allí estaba lo que habíamos anunciado y veníamos a buscar...
"Mañana dos hermanos, daremos un suave y tranquilo paseo ascendente
hasta las entrañas de la cueva de la Vieja que durará dos o tres horas.
Por si alguien se anima y quiere... a las once en la plaza de la Verdura"



La cueva de la Vieja de cuyo nombre desconocemos su etimología.
Pero como somos de renombrar, si es preciso, así lo haremos.



Desde ese día, la cueva de la Vieja se llamará...
¡La guarida del Allien...!



Las entrañas a explorar más abajo de la antesala, estaban esperando que descendiéramos.



¡Es una cavidad amplia y confortable!
¡Reguladora de la temperatura...!
En verano hace fresco y en invierno calorcito.



Con sus estalactitas y sus estalagmitas
-poco frecuentes en nuestro parco patrimonio espeleológico.



Había que ir buscando algunos vestigios del pasado habitado del refugio natural.
Pero solo vimos dos botellas de  plástico... ¡Muy de lamentar!



Era hora de plasmar unas poses para la posteridad.
¡Todo un descubrimiento para nuestra aventurera amiga Pilar!



Tenemos que reconocer que deambular por las entrañas,
es como volver al vientre de la Gran Madre Tierra.
Hace cincuenta mil años se pensaba que de las profundidades nació la vida.



Y un servidor como lo sabe, acabó posando en postura fetal en la autofoto
-o sería mejor llamarle "zerfie".



Así que renaciendo al exterior.
El exterior brillaba de manera especial.
¡Cómo si fuese una nueva luz a la salíamos!



Satisfacción por ir aprovechando tan bien las dos horas.
Dos hermanos y nuestra acompañante de excepción.



Pero aún nos faltaba el regreso.
Siempre salen bien las fotos con nuestro querido pueblo de fondo.
Y más en estos parajes que tantos recuerdos traen a nuestra mente.



Recuerdos de la infancia con las subidas a la Era del Ubrique el Alto,
a la cueva del Tío Pepito, a Umrica o a la Cruz del Tajo.



Nos dio tiempo incluso, de pasar por el Llanito de la Munición.



Y algo más arriba, por la otra calera... la de los Llanetes. Junto a ella, a la calera,
 la piedra con la segunda cruz de herradura, labrada para señalar la cañada.



Y como no, recordar aquellos tiempos cuando las madres llevaban a las hijas a lavar,
con la panera, a la Fuente Última del nacimiento del Ubrique el Alto.



Era la una cuando bajábamos de nuevo a la realidad, pasando por la "bogambilla"
-"¡Ya sabemos qué se puede hacer en dos horas!"




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